lunes, 26 de septiembre de 2011

Como un hilo rosado en mi chompa



  
 Al final de un ilusorio momento,
(cuando cesa de bailar en tu corazón la maravilla)
se dejan palabras profundas,
como ese suspiro de niño,
al terminar de escuchar un cuento.

Ese final de la primera huella en el monte;
de la alegría, que se ahogaba en un vaso de licor,
que naufragaba entre besos,
y que moría en la primera palabra de amor.

Ese ilusorio momento:
como la sonrisa de la madrugada
en el insomne enamorado
que correspondía con aires de ebriedad al fresco olor de la mañana
ese suspiro febril, por los viejos años,
que apaga las anacrónicas velas
de nuestra nostalgia.

Esa amarga saliva,
de la despedida del último beso,
esa débil melancolía del otoño
que se transmite por temblorosos abrazos.

Ese papel que se arruga dentro de tu puño,
cuando tu corazón desesperado
busca resucitar con mi latido.

Es el final de un ilusorio momento,
se quedan, un lugar, una escritura,
y una estrella feliz del ayer, muy solas,
se pondrán tristes cuando se haga de noche
y no nos encontremos.
Y yo esté por una tiniebla,
y tú, bajo un arco iris muy lejos;
y hasta el tiempo se pondrá triste
como un hilo rosado,
pequeño y solitario,
sobre el gris de mi chompa.

Pampa


Yo no he oído a ningún gaucho usar la   palabra “pampa”,  eso
 pertenece a la mitología urbana tejida por hombres de  ciudad.                                       
 J. L. Borges


    Ese aprender a nacer de la nostalgia,
desde tus inocentes melancolías,
que aceleran en mi latido nocturnal
las ígneas ansias de revolcarme,
como un absurdo amante
en tu remoto verdor.

Ese pensamiento de nube,
toda de azúcar su densidad
acariciada por cometas de papel fugitivo,
insuflado por el viento temerario de la tarde,
renace, en las estrellas transparentes, que
titilan en mi mirada.

Ese destino que era un barquito de lata,
naufragando en las acequias,
por el agua marrón de tu desventura.
Los niños corriendo tras un barquito,
siguiendo, también, a una rueda
de rústico caucho,
con un alambre y una esperanza.

Los niños que jugaban al azar con las piedras,
que modelaban princesas con las nubes,
que fumaban de las raíces de los espinos,
que buscaban girasoles
para contrastarles el color
a las mariposas que revoloteaban en sus sueños.

Ese destino de tierra que borra los pasos,
que los hunde en los surcos aciagos del olvido,
ese destino que a tu cuerpo de barro
le dio la vida con penas,
se renueva como la historia que vive,
levitando sobre troncos caídos,
mirando el desaforado crepúsculo
en que renace cristalina la historia
como un manantial escondido
en tu cuerpo de  primavera.

Yo quería tocar la campana



 
Quería sentir la orfandad
de sus intensos sonidos,
quería entristecerme
con el golpe de su tiempo.

Yo quería conocer ese opaco color del abandono,
que fuera una canción de penas inservibles
la que tanto extrañé como nube
y me sonría como un cielo.

Yo quería asir el pasado,
colgándome tierno de su soga,
conocer ese pasado que se derrumba
en un suspiro,
que rebalza de tu sueño.
 
Yo quería tocar la campana,
sacudir a los fantasmas,
celebrar el onomástico de la estrella
de los miedos.

 Quería que los tesoros olvidados
hicieran parir a los baúles.

Que su tañido fuera un himno de “te quieros”,
quería que bailen en ese grave grito
de relentes, y de noche,
que el agónico reflejo del amor
me comparta una sonrisa y el olor a maravilla
de la simpleza de algún rústico perfume.

Yo quería alegrar con vientos insurrectos
a los fantasmas,
que del sonido de mi campana
se escriba en las paredes desoladas
de esos recintos que se olvidan,
de esos recintos que se extrañan.

Comentario del Presidente de la Casa del Poeta Peruano(*)

 Hugo Rodríguez G. 
En el Auditorio del INC-Ica en la ceremonia de 
presentación de su poemario: Así debe ser el amor 

Comentario del Presidente de la Casa del Poeta Peruano(*)
Llegó a nuestras manos el libro ASI DEBE SER EL AMOR,del joven poeta Hugo Rodríguez Guzmán, nacido en Ica en 1981. Los olvidos y carencias básicas para surgir, obligaron al joven a renacer en Grovellono, Italia, donde actualmente reside con su familia, después de concluir su carrera docente en la especialidad de Lengua y Literatura en la Universidad Nac. San Luis Gonzaga de Ica. Desde el primero de enero de este año (1), se inició el destierro voluntario de la patria, después de cansarse de tocar las puertas de su pueblo. Su ausencia sería un caso «normal» en cualquier joven de nuestros días. Pero se trata de la ausencia de un vate con claro talento literario, que nos obliga a lamentar su «destierro», como de muchos más, que se han ido o que se irán perdiendo en la cruel memoria del tiempo (2). En resumen, es un libro bello, bien logrado, que da pie a mejores recepciones. Porqué? Por el claro y raro talento que muestra, y porque advertimos que no tiene límites en su escritura, porque es capaz de afrontar el rostro desconocido de las palabras, sin tenerles miedo; las afronta a pie y a caballo y restituye la imagen del sueño, de nuestros sueños. A muy poco tiempo, deberá constituirse en uno de los poetas fundamentales no sólo de Ica (de donde se expulsó), sino del Perú entero. Salvo mejor opinión. 

(*)Dr. José Guillermo Vargas. 
Presidente de la Casa del Poeta. Lima, Perú (Comentario publicado en la Revista Olandina _2008) 

(1) El 2008, viaja a Grovellono _ Italia 

(2) Luego de su retorno a Ica el año 2010. 
A la fecha se encuentra en Ica, como docente del la IEP: "Francisco de Paula González Vigil" de Ica